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Relevancia y pertinencia del programa

La Universidad Autónoma Latinoamericana durante sus 50 años de existencia, en especial en su Programa de Derecho, ha perfilado toda su estructura curricular siguiendo ocho (8) parámetros muy importantes que, en muy buena medida, lo han diferenciado de los demás Programas de Derecho locales y nacionales: 1.- La libertad de cátedra. 2.- La libre investigación.3.- La libertad de expresión. 4.- El sistema de cogobierno de estudiantes y profesores. 5.-El respeto a la diferencia. 6.-La apertura hacia todo tipo de corrientes ideológicas sin discriminación de ninguna índole. 7.- El apoyo a las clases más marginadas de la sociedad antioqueña, en particular a la clase trabajadora y, 8.- El compromiso indeclinable por acompañar múltiples causas sociales enmarcadas, fundamentalmente, en la defensa y el respeto por los Derechos Humanos.

En este contexto se podría afirmar que la Universidad Autónoma Latinoamericana durante todo el tiempo de su existencia ha nutrido y conservado su estructura curricular en los delineamientos antes mencionados. En tal sentido, y con dicho direccionamiento filosófico-político, el Programa de Derecho ha enmarcado todo su accionar, sus políticas, su visión, su misión, el perfil de sus egresados, las estrategias de ingreso de sus estudiantes y, en general, los ámbitos de docencia, investigación y extensión.

Es importante entonces resaltar, teniendo en cuenta lo anteriormente indicado, que en el manejo curricular del Programa de Derecho de UNAULA habría que diferenciar cuatro grandes momentos históricos:

1.- El primer momento histórico va desde la época de fundación de la Universidad (1966) hasta el año 2000, aproximadamente. Su estructura curricular, exceptuando los principios fundacionales antes enunciados, no tuvo grandes diferenciaciones con los demás Programas de Derecho del país. El modelo pedagógico no estructurado en documentos serios que le sirvieran de soporte, era un modelo rígido, eminentemente memorístico, con procesos evaluativos que inducían a la repetición de lo que bien o mal enseñaban los docentes, y con planes de estudios diseñados, fundamentalmente, para conocer la normatividad jurídica con una interpretación exegética de la misma. Por ello, lo que hoy denominamos microcurrículos, en aquel entonces no eran más que enunciaciones temáticas extraídas de cualquiera de los textos manejados por los docentes en las diversas asignaturas. No se hablaba de interdisciplinariedad, ni de transdisciplinariedad, ni de multidisciplinnariedad, ni de manejo de créditos, ni de investigación seria dentro o fuera del aula, ni mucho menos de movilidad de docentes y estudiantes. Los docentes eran de cátedra, formados empíricamente para ejercer la docencia y sin estudios de Maestría o Doctorado. Eran profesores con gran mística, con excelente experiencia en su ámbito laboral, con un enorme sentido de pertenencia hacia la institución y que entregaban lo mejor de sus conocimientos a los futuros profesionales del Derecho. Profesores y estudiantes respondían, pues, a unos esquemas educativos preestablecidos que, en su momento histórico, reprodujeron el tipo de profesionales con el perfil que la sociedad, y en particular el ámbito laboral, estaban requiriendo. Se diría que las instituciones y los seres humanos, en muy buena medida, responden a las necesidades propias de la época, al modo de producción, a las relaciones de producción y a la superestructura vigente en el tiempo y en el espacio en el que les ha correspondido vivir.

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